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 Centro de interpetación.

“Castillo San Cristóbal”

Bajo la actual Plaza de España palpita un pedazo del pasado. Fue en junio de 2006 cuan­do, durante los trabajos de remodelación de la Plaza, salen al descubierto restos de lo que fue el Castillo de San Cristóbal. Un año durarían las obras de la galería subterránea que se habilitó para hacerlo visitable y hoy pueden disfrutarlo todos los ciudadanos de Tenerife y los foráneos que nos visitan, con el añadido de una propuesta interpretativa que ha corrido a cargo del Museo de Historia y Antropología de Tenerife perteneciente al Organismo Autónomo de Museos y Centros del Cabildo.

Se trata de una propuesta modesta, materializada en una serie de paneles informativos que no pretende en absoluto despistar del deleite que supone la contemplación de la ruina, sino todo lo contrario, completar y enriquecer la experiencia aportando detalles y datos de tipo histórico. Durante el recorrido por ese espacio bajo el suelo, los restos del Castillo nos dan la excusa para acercarnos a la historia de la ciudad y de la isla como si estuviéramos en un pequeño “túnel del tiempo”.

Se ha organizado en varios bloques temáticos que ocupan una antesala y el pasillo que le sigue y conduce a los restos del Castillo, bifurcándose este pasillo en dos ramales que culminan en sendos miradores desde donde observar las ruinas.

Una mirada atrás.

Breve retrospectiva sobre el sistema defensivo de Tenerife

Primeramente, se expone el sistema defensivo que tuvo la isla, haciendo un recorrido no sólo por los castillos de Santa Cruz, entre ellos el de San Cristóbal (que junto a los Castillos de San Juan y paso Alto formaban el esqueleto principal de la defensa), sino también por los que se repartieron por el resto de la geografía insular y de los que algunos continúan hoy en pie como el de San Felipe en el Puerto de la Cruz o el de San Miguel en Garachico. Fueron varios los in­genieros que diseñaron y planificaron la forma, la cantidad y el lugar de emplazamiento de las fortificaciones en la isla, destacando Leonardo Torriani, ingeniero italiano que llega en 1587.

Santa Cruz de Tenerife:

Una villa con historia, una ciudad con futuro

A continuación, se propone un recorrido por la historia de la ciudad, pero desde el más cercano presente hasta el más tangible pasado. El punto de partida es el siglo XXI, testigo de estampas tan opuestas como la llegada al puerto de Santa Cruz de impresionantes cruceros o la entrada de hacinados cayucos, a bordo de los cuales cientos de inmigrantes entran en la isla.

A lo largo del siglo XX, se gestan diferentes proyectos para el puerto de esta ciudad que recibirá a Alfonso XIII, se convertirá en capital de una de las dos provincias en las que se divide el archipiélago durante la dictadura de Primo de Rivera y será testigo del asesinato del último alcalde de la II República, Don José Carlos Schwartz, en meses inmediata­mente posteriores al estallido de la Guerra Civil. Los años del siglo XIX fueron grandes para Santa Cruz. Tras la victoria frente a Nelson, recibe del rey Carlos IV el título de “Villa Exenta”. La población había demostrado ser leal, noble e invicta. Mientras, el puerto de la ciudad era declarado “de interés general de segundo orden”.Durante los siglos XVIII y XVII, Santa Cruz evoluciona desde el punto de vista defensivo y demográfico, altera su trazado urbanístico y es el lugar para el asentamiento de una incipiente burguesía. La resistencia ante los asedios de Jennings, Blake y Nelson mereció el recuerdo, en forma de tres cabezas de león, en el escudo de la ciudad que, tras el desembarcó en Añazo de Alonso Fernández de Lugo, había ido surgiendo como modesto enclave pesquero. Pronto, el Castillo de San Cristóbal se convirtió en el principal fortín de la bahía.

El Castillo de San Cristóbal

Es entonces cuando, cada vez más cerca de las ruinas, llegamos a la parte monográfica sobre el Castillo de San Cristóbal donde se detalla desde su edificación en 1575 hasta su derribo en 1928. Se levantó siendo gobernador de la isla D. Juan Álvarez de Fonseca y en 1557 el Cabildo decidió el traslado de la artillería. Se trataba de una potente edificación de planta cuadrada con cuatro baluartes, uno en cada ángulo, y quedó emplazado sobre un arrecife en la entonces denominada (y hoy inexistente por ser terreno ganado al mar) caleta de Blas Díaz. En sus 353 años de historia sufrió ampliaciones y modificaciones. Fue residencia de los Capitanes Generales, de los Gobernadores y sede del Gobierno Militar. Las acciones de guerra más importantes en las que tomó parte fueron:

  • Batalla contra Blake el 30 de abril de 1657
  • Batalla contra Jennings el 6 de noviembre de 1706
  • Batalla contra Nelson el 25 de julio de 1797

El castillo es derruido dentro del marco de ampliación urbanística de la ciudad y en 1930 ya no quedaba rastro de su silueta, ahora resaltada con trazo negro sobre el fondo del lago. Tan sólo se le recordaba en el nombre de la popular calle Castillo, pero se ha aso­mado al presente y parece que reclama su lugar, nuevamente, en la historia de la ciudad.

Sala cañón “El Tigre”

El 28 de agosto de 1803, se le concedía a Santa Cruz de Tenerife el título de “Muy leal, Noble e Invicta Villa, Puerto y Plaza…”. Años atrás, el triunfo de los tinerfeños frente a la poderosa armada británica contribuyó, en buena medida, a la recepción de este título honorífico. Una vez más, el pueblo de Tenerife hacía gala de su extraordinario valor ante el invasor. La nota­ble escasez de medios y preparación fue suplida por la heroicidad de las milicias populares. Según la tradición, nunca desmentida, en la madrugada del 25 de julio de 1797, en el entor­no del Castillo de San Cristóbal, un cañón de a16, “El Tigre”, mutiló para siempre el brazo derecho del Contralmirante Horacio Nelson. Después de haber permanecido muchos años en el Castillo de San Pedro, en 1894 “El Tigre” fue adquirido por el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, por entonces capital de la provincia única de Canarias.

Ya considerado un símbolo de la isla de Tenerife, en 1955 fue encabalgado de nuevo en una cure­ña, réplica de la original, y expuesto en la plataforma del Castillo de Paso Alto. En 1988, el ayun­tamiento capitalino acordó cederlo en depósito al Museo Militar Regional de Canarias. Desde julio de 2009, por una larga temporada, ocupa un lugar de honor en el Centro de Interpretación del Castillo de San Cristóbal, volviendo al lugar donde, desde la historia, entró en la leyenda.